También se suele decir que "la felicidad no es la meta, sino el modo de caminar". Lo que parece claro es que se nos invita a ser activos, a ponernos en camino, pero no de cualquier manera, sino en la forma que nos pide el corazón: "ama y haz lo que quieras", dice san Agustín. Es todo lo contrario a dejar pasar la vida delante de nosotros sin ser protagonistas de nuestra propia historia. Ponerse en camino significa oír nuestro corazón, descubrir lo que anhela y dirigir nuestra vida por la senda correcta, la que nos lleva a la meta deseada. Y empezar a dar pasos, empezar a actuar según lo que ama nuestro corazón, porque la meta no llega simplemente porque la deseemos, sino porque nos vamos acercando a ella. Hay que empezar a actuar, según el objetivo que nos hemos marcado, y no desviarse del sendero que nos lleve a la meta. Así, si se quiere ser feliz, hay que serlo durante el camino de la vida, amando cada día y cada uno de los momentos que nos acercan a aquello que anhela nuestro corazón: la plenitud de ser completamente feliz.
